El restaurante que se bajó de los marketplaces (y le salió a cuenta)
Era un lunes de cierre cuando Marina —quince años al frente de un comedor de barrio— se sentó a cuadrar las cuentas del mes de delivery. No le salían. Vendía cada vez más por la app, pero el banco no lo notaba. Esta es la historia de lo que hizo a partir de ahí. Y aunque es una historia compuesta, las cifras y las decisiones son las que se repiten en cientos de comedores como el suyo.
El espejismo del volumen
Sobre el papel, todo iba bien: el delivery no paraba de crecer. El problema estaba en la letra pequeña. Por cada pedido, la plataforma se llevaba cerca de un 30 % de comisión. En un negocio donde el food cost ya se come un 30-35 % y el personal otro tanto, ese tercio que volaba dejaba el pedido en nada —y a veces en pérdida—.
Marina hizo el cálculo que muchos no hacen: separó en su cuenta de explotación lo que dejaba el delivery de plataforma del resto. El resultado fue incómodo. Estaba trabajando —cocina, envases, personal— para que la mayor parte del margen se quedara en una empresa que no era la suya.
El miedo
Bajarse de las apps daba vértigo, y por una razón concreta: la visibilidad. La plataforma le traía pedidos de gente que no la conocía. Salir significaba renunciar a ese escaparate y, casi seguro, perder volumen. La pregunta no era “¿me quito esto?”, sino “¿puedo sostener mi propio canal antes de que el bajón me haga daño?”.
El número que lo cambió todo. No fue la comisión en sí, sino verla en euros al mes: lo que pagaba en comisiones daba para un sueldo de media jornada. Dicho así, la decisión se volvió fácil.
Lo que hizo en su lugar
No lo apagó de golpe. Montó el canal propio mientras seguía en las apps, y solo cuando funcionaba fue soltando la plataforma:
- Recogida en local. El pedido sin reparto se ahorra la parte más cara y más frágil. Un porcentaje de sus clientes de barrio prefería pasar a recoger si le salía más barato.
- Pedido directo por teléfono y WhatsApp. Cero comisión, trato directo, y un cliente que pasa a ser suyo, no de la app.
- Una web sencilla de pedidos y, sobre todo, una base de datos de clientes para avisarles de novedades —el principio de la fidelización que nunca tuvo mientras dependía del marketplace—.
- Contarlo sin parar. Carteles en la bolsa, un imán en cada pedido, redes, boca a oreja: “pídenos directo, te sale mejor”. Aprovechó lo que ya sabía de marketing para que el cambio no fuera invisible.
Los meses malos
Hubo bajón, claro. Los dos primeros meses los pedidos cayeron: los clientes que solo la conocían por la app, sencillamente, dejaron de pedir. Fueron semanas de dudar. Lo que la sostuvo fue mirar el dato correcto: no los pedidos, sino lo que quedaba después de comisiones. Menos pedidos, pero cada uno dejaba de verdad.
Dónde acabó
Pasado medio año, el delivery de Marina era más pequeño en pedidos y más grande en margen. Recuperó los datos de sus clientes, recuperó el trato directo y dejó de regalar un tercio de cada pedido. No todo fueron ventajas: gestionar el reparto y los pedidos propios da trabajo, y para captar gente nueva tuvo que apoyarse en llenar la sala los días flojos y en su reputación de barrio.
La moraleja no es que los marketplaces sean el enemigo. Para muchos locales, la visibilidad que dan compensa la comisión, sobre todo al empezar o en zonas de mucho paso. La moraleja es la de siempre en este oficio: ningún canal es bueno o malo en abstracto; lo que importa es lo que deja cuando restas todo lo demás. Marina no se bajó de las apps por ideología. Se bajó porque hizo el número —y el número mandaba.
Historia ilustrativa: un caso compuesto a partir de situaciones reales y datos verificados del sector (las comisiones de las plataformas de reparto rondan el 30 %). Los nombres son ficticios; las cifras, representativas. El día que un restaurador real quiera contar el suyo con nombre y apellidos, lo publicaremos como entrevista.
Preguntas frecuentes
- ¿Cuánto se llevan las plataformas de delivery por pedido?
- En España, las comisiones que cobran los marketplaces de reparto a los restaurantes suelen rondar el 30 % por pedido (aproximadamente entre el 25 % y el 35 % según la plataforma y el acuerdo). Sobre los márgenes ya ajustados de la restauración, eso puede convertir un pedido de delivery en algo que apenas deja dinero o que incluso pierde.
- ¿Compensa salir de los marketplaces de delivery?
- Depende del peso que tengan en tu negocio y de si puedes sostener un canal propio. Salir te devuelve margen y los datos de tus clientes, pero te quita la visibilidad y el volumen que dan las plataformas. Funciona mejor cuando tienes clientela de barrio fiel y capacidad de gestionar tú los pedidos; es más arriesgado si dependes de captar clientes nuevos que solo te encuentran en la app.
- ¿Cómo se monta un canal de delivery propio?
- Con piezas sencillas: pedidos por teléfono y WhatsApp, una web o página de pedidos básica, recogida en local para ahorrarte el reparto, y una base de datos de clientes para avisarles de ofertas y novedades. La clave es contarlo: carteles, redes y boca a oreja para que el cliente sepa que pedir directo es más barato para él y mejor para ti.